Cini y yo nos hemos hecho inseparables en menos de un año. Iré dejando por aquí escrito todo lo que cada día vivimos juntas, todas las veces que la pequeña me ayuda a controlar mis altibajos
sábado, 21 de febrero de 2015
domingo, 1 de febrero de 2015
De vuelta
Demasiado tiempo sin escribir. Casi dos meses sin pasar aquí...
La verdad es que las cosas siguen muy parecidas, aunque ahora mucha más gente conoce mi caso con Cini. Han sido muchas las veces que nos hemos puesto en los medios a lo largo de estos dos meses para dar a conocer todo lo que los perros de alerta médica pueden ayudar a una persona con diabetes tipo 1.
En cuanto a nosotras dos, las cosas siguen igual, Cini me avisa de todo cuanto tiene importancia en mi diabetes y no dejamos de trabajar. Cuando no es para que sepa estar quieta cuando vamos a los sitios, es para que haga algún truco gracioso y cuando no... pues se me ocurre algo porque nos encanta pasar tiempo haciendo diferentes ejercicios juntas.
Últimamente parece que la Tía Betty sigue haciendo de las suyas, porque los picos son muy frecuentes y es que, de nuevo, se junta todo y no sabe dar un respiro. Por suerte Cini siempre está ahí y, a pesar de tener que tomar a diario muchas medidas preventivas cuando ella emite las alertas, son muy pocas las veces que tengo que poner solución a una situación fuera de rango.
Subo a continuación varias entradas con las diferentes entrevistas y artículos de las que hablaba antes.
Espero estar mucho más por aquí a partir de ahora y subir todas las novedades a su tiempo sin que se acumulen como esta vez...
jueves, 4 de diciembre de 2014
Cuando el día está de malas...
Cuando el día está de malas... Cini se encarga de arreglarlo.
Cini tiene cierta obsesión por tener la razón. No se como lo hace, después de año y medio no se qué es lo que huele ni a qué huele... Pero el caso es que siempre tiene que llevar la razón.
Creo que está muy claro que mi pequeña no me entiende (y aun así caigo en la tentación de hablarle como si lo hiciese), pero a veces es tal el grado de certeza que tiene cuando hace las cosas que es como si intuyera que tiene razón y nada la hace cambiar de opinión, ni el mejor de los manjares para ella le hace marcar si cree que no hay razón ni callarse si tras avisarlo no pongo remedio a la situación.
Parece increíble, pero os aseguro que es cierto, lo vivo a diario. Cuando tengo una hipo muy fuerte y no remonto o cuando considero que tras el aviso de Cini aguanto un rato más antes de tomar algo de hidratos es incapaz de dejar de ladrar; le premio, la cojo en brazos, le hago la señal para que se calle, y no para. Luego está la otra situación, que yo me empeñe en que estoy de hipo, el aparato marca 80 y yo piense claro, estoy a puntito de sufrirla y me pregunto "¿y esta por qué no me ha avisado?" Pues simplemente porque no hay hipo, porque estaré mareada por otra cosa pero desde luego no es por eso. Son pocas las veces que tras esta última situación no acabo diciendo "pues como algo", y os aseguro que no pasa más de media hora para cuando Cini está avisándome (de una hiper, claro, medidas preventivas ante una situación que no se da). Y es completamente cierto, le ofrezco comida para que marque en ese momento y no lo hace, se tumba, se hace muerto, saluda, da la pata... hace todos los trucos que sabe para conseguir la comida, pero nunca utiliza nuestra señal: "sit + ladra".
Hoy por hoy casi no se da esta situación, tengo confianza plena en ella, y aunque no me elimina pinchazos necesarios es un privilegio que haya quien te diga "eh, pínchate y mira a ver que medidas pones porque las necesitas" o "no te obsesiones, ni te va a subir ni te va a bajar".
sábado, 29 de noviembre de 2014
La diabetes me ha hecho llorar mucho, pero esta vez es diferente
En un principio lloraba porque no la comprendía, pasado un tiempo por comprenderla demasiado.
Cuando me diagnosticaron, con 5 años, no había preocupaciones más allá de los pinchazos así que todos los lloros venían por la incomprensión ¿Y por qué yo, que no he hecho nada, me tengo que pinchar tantas veces al día?
Cuando llegó la adolescencia lloraba por rebeldía, poco a poco conocía más como había que actuar con la diabetes, qué riesgos tenía "pasarse" y las consecuencias a la larga que podía ocasionar. Se podría decir que le tenía miedo, porque sentía una mezcla entre la incomprensión de la infancia y lo que un poco más adelante sería el gran paso de asumir que se quedaría conmigo para toda la vida.
Ahora, poco tiempo después, la conozco, conozco sus riesgos, sus picos, la imposibilidad de controlarla en muchas situaciones.... Ya no le tengo miedo, porque sé actuar incluso cunado es incontrolable y, sobre todo, porque gracias a Cini las situaciones incontrolables cada vez son menos. A pesar de esto, los lloros no desaparecen, llegan solo en momentos malos, de estrés, de cansancio, de "no entiendo esta hipo"... Pero siguen estando, porque ver cada día como está ahí, no es algo que se pueda ignorar. Se puede asumir, vivir con naturalidad, que no ponga límites a nada en tu vida, pero estar, está.
He de reconocer que el otro día me hizo llorar de una manera diferente, y es que no me hizo llorar la diabetes, fue Cini quien lo hizo. Cuando en 230 (a la 1 de la madrugada) se puso a marcar, a llorar, a destaparme en la cama, a saltarme encima... A los 5 minutos estaba en 190 y sin dudarlo me tomé un batido. A la media hora estaba en 111, increíble. Lloré porque me salvó, una vez más, de una hipo que hubiera sido muy fuerte porque venía a una velocidad inesperada. Pero, sobre todo, lloré porque no se conformó con un premio al marcar en 230, insistía, me chupaba, me destapaba... No paró hasta que la situación comenzó a mejorar.
Desde luego, la diabetes sigue ahí, y tengo días malos (como todo el mundo) en los que la diabetes tiene todas las papeletas para darme un pico inesperado, hacer que me encuntre mal e irremediablemente me eche a llorar. Eso sí, que Cini consiga que de un pico llore de emoción porque ni si quiera ha llegado a darse, porque ha sido una batalla ganada a la Tía Betty antes de plantearse... Creo que no hay palabras para describir lo que Cini me ayuda y el gran empujón que supuso a la hora de asumir mi diabetes.
Estas ayudas son evidentes para quien convive conmigo a diario. Para mí suponen ganas de comerme el mundo cuando en un mal día, sea la hora que sea Cini está a mi lado para evitar que se sume un "me encuentro fatal, ya no puedo más".
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